Mary Anderson, inventora del limpiaparabrisas actual

MundoLuna.es

22 marzo 2021

Hoy día, conducir en un día de lluvia sin los limpiaparabrisas de un lado a otro del cristal es inimaginable. Y de hecho esto ha sido así desde hace más de 100 años, desde los albores de la industria del automóvil. Incluso con el gran avance de la tecnología, esos pequeños brazos de metal o plástico se han mantenido con casi la misma función que en tiempos de la Primera Guerra Mundial. Pero, ¿quién los inventó?

La idea del limpiaparabrisas se la debemos a una mujer: Mary Anderson, tal como recuerdan diferentes medios como Mujeres con Ciencia. Fue ella la que inventó el primer limpiaparabrisas a principios del siglo XX. Ella era promotora inmobiliaria, además de viticultora y, en invierno de 1902, se percató de la dificultad de los conductores de trenes y automóviles para retirar la nieve de los parabrisas. Hasta entonces en los tranvías existía un sistema con secciones que se abrían y cerraban, pero era bastante incómodo ya que entraba agua y frío en el interior.

En los años siguientes Anderson se puso manos a la obra, desarrollando ensayos en Birmingham que se tradujeron en una patente obtenida en 1905. Esta patente, con 17 años de privilegio, consistía en un brazo metálico basculante que incorporaba una lámina de goma, precursoras de las escobillas. Lo importante es que se accionaba de manera manual desde dentro del vehículo y con un resorte volvía a su posición inicial. Describía un movimiento circular sencillo, pero elegante. Y lo más importante de todo: era capaz de retirar nieve, agua y otras partículas que impidieran la vista al conductor.

Patentes rivales

Existieron otras patentes contemporáneas a la idea de Anderson, como las de Robert A. Douglas o James Henry Apjohn. El sistema que patentó Douglas en 1904 era similar al de Anderson, pensado para cabinas de locomotoras y tranvías. En vez de una palanca, utilizaba un perno rotatorio de manera que se regulaba con la mano la presión sobre el cristal. No obstante, no tenía sistema para volver a su posición original de manera automática. Por tanto, se consideró bastante más ineficiente y complejo que el de Anderson.

Apjohn, con una patente tanto en Reino Unido como en Francia, propuso un sistema bastante diferente del de Anderson o Douglas. Aquí se accionaban los limpiaparabrisas mediante una palanca y un sistema de poleas. En lugar de ser el movimiento circular, era un movimiento de arriba abajo. Estaba pensado tanto para fines ferroviarios como para su uso en automóviles.

Charlotte Bridgwood patentó el limpiaparabrisas eléctrico

El uso de la electricidad y de los motores eléctricos ya estaba en desarrollo en los inicios del siglo XX, aunque se pueda pensar que son ideas más modernas. El primer limpiaparabrisas eléctrico de la historia también llegó de la mente de una mujer. La canadiense Charlotte Bridgwood creó este sistema, patentándolo en 1917. Poco antes también había registrado la patente de un aparato similar mecánico. En ninguno de los dos casos llegaría a existir explotación comercial por su parte, de manera similar a lo que ocurrió con Anderson.

En base a la idea de esta última, Ormond Wall registró una patente con el cual un motor eléctrico era capaz de hacer que se moviese el brazo del limpiaparabrisas. A partir de este invento, empezaron a producirse en masa los limpiaparabrisas, coincidiendo con el cada vez mayor número de coches en carretera.

Trico (Tri-Continental Corporation) fue la primera empresa en dedicarse de manera masiva a la fabricación de limpiaparabrisas. Durante varias décadas pudo desarrollar el sistema y lograr innovaciones como motores automáticos, láminas multicapas, limpiaparabrisas dobles… ideas que incorporaron los grandes fabricantes y perduran a día de hoy.

Triunfo para la industria pese a olvidar a la mente pensante

Las ideas de Douglas y Apjohn serían desestimadas por la historia, pero no la de Anderson. Para 1913 miles de coches incorporaban el limpiaparabrisas de Anderson y en 1916 ya estaba más que establecido. De hecho, el modelo que popularizó el automóvil en la sociedad, el Ford T, incorporaba limpiaparabrisas. Hasta entonces, el coche era visto como un bien de lujo, muy lejos para el pueblo llano.

Por desgracia, la propia mente que lo ideo también fue desestimada. Solo trató de vender la idea una sola vez a una compañía canadiense en 1905, negándose a comprarla al no verle uso práctico. Es más, se llegó a considerar que el limpiaparabrisas, por su movimiento, podría crear distracciones que llevasen a accidentes. Anderson continuaría con sus negocios inmobiliarios hasta su muerte en 1953, sin haber llegado a percibir ni un solo dólar por el invento. Un invento sencillo que supuso un gran avance en seguridad en carretera en los inicios de la industria.

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